Así es, no nací para fingir algo que no soy. La mentira y la manipulación no fueron hechas a mi medida. ¡Y me alegro! Hace algunos meses fue mi cumpleaños. Y la verdad es que me sorprendí muchísimo al ver la enorme cantidad de personas que me desearon un lindo día, incluso personas que yo creía que probablemente no se acordarían de mi existencia. Me sentí muy, pero que muy afortunada y querida por todos ellos.
Un pensamiento cruzó mi mente…
No soy tan mala como dicen…
¿Y quiénes lo dicen?
Los estúpidos, también los envidiosos, pero ese es otro tema.
Estoy tratando de convencerme a mí misma de que lo que ese tipo de personas opine sobre mí, no tiene que ver directamente con mi forma de actuar o de ser, sino que es el fiel reflejo de toda la mierda que ellos llevan adentro.
Con las personas que quiero suelo mostrarme muy vulnerable, fiel y transparente sin miedo a que me hagan daño. El gran problema es que con las personas fuera de mi círculo más íntimo, suelo mostrarme brutalmente franca.. sobre todo cuando veo la falta de sinceridad, y suele jugarme muy en contra. Tal vez es mi método de defensa ante el posible rechazo, como que prefiero que me rechacen por ser como soy y no que me acepten por ser una farsante. La honestidad conmigo misma está por encima de todo lo demás. Es por este defecto que termino quedando como la mala de la película constantemente. Pareciera que me olvido de que la gente «normal» es hipócrita, muy mala -por lo general- y retuerce cualquier situación utilizando mi franqueza a su favor.
Quizás ustedes no me crean, pero hay personas tan hábiles en estas cosas que lo hacen con una naturalidad increíble. Incluso yo misma he caído en esas trampas. Llegué a pensar mal de personas que en realidad estaban siendo sinceras solo porque alguien me hizo «ver» la forma de actuar de dicha persona. Y me di cuenta de cómo eran las cosas realmente cuando me tocó a mí quedar en ese lugar.
Quisiera ser un poco más inteligente a la hora de decir lo que siento y lo que pienso, pero por más que lo intente no lo puedo disimular. Porque no nací para disimular. Me cuesta mucho tener que controlar mi temperamento cuando algo me molesta o me incomoda. Sé que es algo que tengo que aprender. Debo trabajar mucho en mi forma de expresarme en esos momentos más difíciles, ya que no es mi intención herir por causa de mi brusquedad.